miércoles, 22 de junio de 2011

La libertad: nuestro destino inexorable

Publicado originalmente en julio de 2009 en: http://futureando-blog.blogspot.com/2009/08/el-hombre-medio-se-encuentra-rodeado-de.html 
“… [El] hombre medio (…) Se encuentra rodeado de instrumentos prodigiosos, de medicinas benéficas, de Estados previsores, de derechos cómodos. Ignora, en cambio, lo difícil que es inventar estas medicinas e instrumentos y asegurar para el futuro su producción; no advierte lo inestable que es la organización del Estado, y apenas siente dentro de sí obligaciones. Este desequilibrio lo falsifica, le vicia en su raíz de ser viviente, haciéndole perder contacto con la sustancia misma de la vida, que es absoluto peligro, radical problematismo”

Estas fueron palabras de Gasset (1929) cuando reflexionaba acerca del porvenir de Europa. Se daba cuenta que las nuevas generaciones disfrutaban la comodidad que la lucha intelectual había alcanzado, olvidándose de los sacrificios y los años que estas luchas implicaron. En este desdén que las nuevas generaciones han tenido acerca de las bases de nuestra organización social actual se encuentra la semilla de la presente crisis.


El problema de la libertad es que luego de alcanzada se ha menospreciado. En la historia han coexistido distintas corrientes: la independencia de Latinoamérica y los propios procesos de Europa y EEUU con la realidad social de las gentes de nuestro subcontinente. La lucha por la libertad se inició mucho antes de que fueran nuestras tierras descubiertas, y al sentirnos oprimidos por el yugo español nos asimilamos a sus principios. Reconocido está que hasta que no se siente internamente la opresión no se reclama, y es por eso que fueron los independentistas los que con el nombre “Libertad” embanderaron sus campañas.

Al sentirnos oprimidos por este nuevo devenir reaccionamos y entendemos que la libertad no era sólo el deslastrarnos del control de la Corona. Entendemos que la libertad es un valor mucho más amplio e incluyente, infinitamente íntimo y abstracto. Se encuentra en cada aspecto de nuestra existencia y reclama de nosotros la más fiel vigilancia. Es delicada y fina, quebrantable por cualquier flanco, porque en la más pequeña agresión al derecho del individuo de ser según sus designios, en la más simple violencia a nuestra voluntad en tanto no agresora de otras voluntades, se descubre la fragilidad del más bello ideal humano.

En el presente los nuevos líderes mesiánicos –Chávez, Morales, Correa- se acongojan del sistema político heredado, promueven su remoción y proponen radicalizarnos. Sus seguidores se suman a sus arengas olvidándose que la historia se construyó de otra manera. Tanto unos como otros representan ese hombre medio de Gasset, aquel que disfruta de los beneficios de la libertad y al mismo tiempo atenta contra su existencia. Desconocen que antes de la justicia social se necesita un respeto irrestricto a la individualidad. Porque sólo se puede redistribuir cuando existe algún producto que dividir, y sólo existe producto en la medida que se crea. La riqueza sólo se crea cuando existe libertad para cada persona, y así ésta explote su capacidad creativa. Justicia social sólo podrá tener cabida cuando cada quien tenga el espacio de creer en lo que quiera y profesar lo que desee. Verdadera igualdad habrá cuando cada quien tenga la misma consideración que otro sin importar su origen, raza, sexo o afinidad sexual.

No en vano la lucha por la libertad ha sido tan costosa, no hay duda que es inapreciable. La reforma que más avanzaría en la causa de la libertad en Latinoamérica es la lucha consecuente contra ésta nueva moral que los líderes mesiánicos nos pretenden inculcar, es recordar que todo nuestro presente se levanta sobre la lucha por ella, es lucharla con la misma ferocidad que William Wallace en Corazón Valiente, al cual ninguna tortura apaciguó, ningún Dios y Rey detuvo, y justo antes de morir llevó a lo alto el más excelso de los valores humanos: LIBERTAD. Debemos levantarnos contra estos líderes y recitar a Gasset:

“Todos saben que más allá de las justas críticas con que se combaten las manifestaciones del liberalismo queda la irrevocable verdad de este, una verdad que no es teórica, científica, intelectual, sino deun orden radicalmente distinto y más decisivo que todo eso –a saber, una verdad de destino” (Ortega y Gasset, 1929, La rebelión de las masas)
Nuestro destino es ser libres, eso es inexorable.

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