INÉDITO, escrito originalmente el 06-10-2010
Los venezolanos sabemos muy bien que tipos de organizaciones políticas no queremos. Tal vez el común de las gentes no tenga la capacidad para hacer su lista de cosas que le desagrada al ver a los partidos hacer su campaña en las calles o al dar ruedas de prensa en la televisión, pero de lo que sí se puede dar fe es que, por medio del voto, ha castigado a quien en su entender popular no merece estar en el poder. Así en las elecciones de 1998 se impuso por sobre los partidos tradicionales una oferta nueva y esperanzadora expresada en Chávez, mostrando con hechos que no era suficiente que se acordaran del pueblo sólo en épocas electorales y que las políticas públicas se enfocaran principalmente en dar apoyo circunstancial y desordenado, manejando el poder más como un objeto preciado que como un medio de solución a la problemática social.
Los años han pasado y las elecciones parecen mostrar nuevamente que la gente está tomando posición frente a las organizaciones políticas que no quieren. Este 26 de septiembre nos mostró a un país polarizado, que bien se puede interpretar como desesperanzado. Al mismo discurso victorioso de hace 12 años, recibido como la gran oportunidad de dejar en el pasado esas prácticas clientelares y populistas, sólo preocupadas a conservar el poder, no le ha quedado nada más que la vacía voz de su líder, porque todo el contenido ha quedado corroído en las acciones que día a día desde 1998 ha tomado el gobierno en la vida pública. Al lado de cada esperanza abanderada, la desilusión de la ineficiencia administrativa; al lado de cada reivindicación social, un acto de corrupción evidente y descarado que sólo le resta oportunidades a los más necesitados; al lado de la presentación de cada obra revolucionaria, el funeral de miles y miles de humildes organizados por señoras de barrio que deben llorar a sus hijos muertos, porque no encontraron el espacio para crecer y desarrollarse con salud, educación y trabajo. Ya la eterna campaña electoral, el juego político montado sobre la polarización fracasó como aglutinador de esperanzas. Al final, se descubre que es más de lo mismo que adversó al inicio, que sus prácticas son hijas del pasado.
Pero si la votación estuvo tan pareja, ¿Cómo puede decirse que perdió el chavismo? La oposición con los años se ha ido fortaleciendo en términos relativos y absolutos, ha dejado de ser “antichavista en esencia”, y ahora se organiza y existe en función de la defensa de intereses superiores, que todos los venezolanos encontramos indispensables para superar la pobreza: la reconciliación, la paz, el respeto a la pluralidad, el trabajo y la justicia social, LA UNIDAD como fórmula para alcanzar el bienestar. El organizarse en función a valores y principios nos permite hoy decir que estamos convirtiéndonos en Alternativa. Por otro lado, la abstención no afectó a la Unidad, sino por el contrario al chavismo. Hoy en día hay mucha gente no está tan segura del camino que llevamos sea el mejor, y a pesar de toda la propaganda, ya no reaccionan ante la presión y poder del gobierno, prefieren dejar de votar antes de votar por Chávez, ¿No es eso acaso una buena señal?
A pesar de lo que se crea, el poder no puede sostenerse si no cumple su palabra, si luego de esperanzar los corazones los abandona y llena de frustración. La gente se cansó de sólo recibir, de ser tratados como entes pasivos que no necesitan espacio político y que pueden ser manipulados por medio de dádivas y amenazas. No quieren el pasado y comienzan a reaccionar frente al presente. Nosotros como Alternativa, debemos seguir en el camino trazado y aprovechar las oportunidades que se abren, y a nuestro entender, eso pasa por desarrollar espacios y canales de participación. El pueblo quiere convertirse en sociedad civil, con su reconocida importancia y capacidad de acción. Al lado de las banderas de la reconciliación, la seguridad y la justicia social debe ir el desarrollo de mecanismos que tomen en cuenta la idea del ciudadano activo, creador. Porque sólo por medio del empoderamiento social, de la conciencia de que todo política pública debe dirigirse al liberar al hombre de sus cadenas (expresadas en pobreza, inseguridad, insalubridad e ignorancia) para hacer la vida que desea, es que podremos tener por fin país donde las organizaciones políticas se encarguen de representar a la sociedad civil, y que esta no se deje manipular más nunca por las promesas vacías de un estafador. Empoderar significa dar herramientas al hombre para que desarrolle su identidad, autonomía, y que la ejerza con responsabilidad. Una sociedad empoderada no necesitará jamás un líder fuerte para existir.
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