miércoles, 22 de junio de 2011

La Venezuela que anhelo: un sueño, sus condiciones y un camino

Escrito el 22-11-2010 para el concurso "Pensando en Venezuela" promocionado por el IFEDEC.

La Venezuela que anhelo es un país donde se celebra la hermandad y la solidaridad. Donde hay un espaldarazo en cada esfuerzo, porque se reconoce que las capacidades humanas sólo se manifiestan cuando entregamos todo de nosotros por alcanzar metas, que el talento y la habilidad son bendiciones, y no existe discriminación porque el éxito social y económico se base en ellas. La justicia social no es pretexto para la envidia, sino el entendimiento de unas necesidades básicas que deben satisfacerse para desarrollar una vida plena y competente.

La Venezuela que anhelo es un país reconciliado con su historia, sus tradiciones y su empeño de ser el ejemplo de América. Porque así como en el siglo XIX partió de nuestras tierras la campaña libertadora, y como a mediados del siglo XX fuimos la única democracia asentada en el subcontinente, así podemos hacer del siglo XXI otro momento de grandes gestas. La lucha contra la pobreza, el bienestar  y el respeto a los derechos dejan de ser aspiraciones y se convierten en realidades.

La Venezuela que anhelo ha superado sus determinaciones naturales e históricas, se ha sobrepuesto de su condición de país con recursos abundantes, y demostrado que puede promover el desarrollo basado en las actividades productivas más disímiles y variadas. Ha aprendido de su largo camino de caudillos, y su sociedad es fuerte y empoderada. Las instituciones estatales representan en sus formas y mecanismos el ideal del balance del poder, y en sus relaciones con la sociedad se prioriza el imperio de la ley. Los líderes políticos entienden su rol como servidor público y enfocan su acción a una asistencia diligente hacia la ciudadanía.

La Venezuela que anhelo cuenta con un robusto sistema democrático que basa su fortaleza en la participación activa de sus ciudadanos, que no se limitan a votar sino que se involucran en todo el proceso de toma de decisiones. Existen canales institucionales para deliberar, que se hacen indispensables en una sociedad llena de ciudadanos empoderados, con identidad, autonomía y acceso al poder.

Pero, ¿Este anhelo dista mucho de ser realidad? La verdad es que no, y no hay que ser ilusos para creerlo. ¿Cómo podríamos hacerlo? ¿Cuál podría ser un camino para alcanzar ese anhelo? Para empezar, con un nuevo gobierno que celebre la unión de todos los venezolanos y se enfoque en ser plataforma. Una plataforma que refleje los intereses y aspiraciones de su gente los cuales se pueden resumir en bienestar y progreso; una plataforma que base su fortaleza en ser parte de un proyecto de país compartido por todos, que permita recuperar la confianza y cohesión social luego de tantos años de polarización e intentos de dominación. Esta sería la base fundamental del cambio. Parte importante de las transformaciones  sociales se alimentan de ideas y existen en un contexto que refuerza esas ideas. El gobierno, como tarea inviolable, debe materializar en acciones y discurso ideas que refuercen las percepciones del cambio, que hablen de entusiasmo, trabajo mancomunado y esperanza.
Este comienzo sólo es posible con una sociedad que ha aprendido la lección de haber abandonado el asunto público, y que en el tiempo que duró su aprendizaje, tomó conciencia de su rol y decidió aceptar la responsabilidad. Es por ello que en la Venezuela que anhelo el nuevo gobierno proviene de esa sociedad civil consciente, llena de ciudadanos que participan activamente de lo público y que han superado sus diferencias para crear un mejor país. El gobierno es sólo la manifestación de su gente, que por vez primera en su historia republicana ha decidido primero volcarse hacia sí misma antes de buscar el poder. En este vuelco los ciudadanos han estrechado lazos con todos los sectores excluidos de siempre y comparten una idea de hacia dónde se debe ir. Así, la confianza interpersonal es sustento de la confianza en el Estado y se hace posible emprender acciones que busquen eliminar el odio y el resentimiento.

Un gobierno que se responsabiliza de la transformación social y constituido dentro de una sociedad como la planteo, debe procurar que todas sus políticas públicas sean instrumentos de un movimiento espiral ascendente al progreso y bienestar, que, basándose en esta primera entrega de confianza y altas expectativas, concentre todos sus esfuerzos en abordar con premura la economía y la política social.

La política económica debe comenzar por lo básico: restituir las condiciones básicas para el desenvolvimiento económico, esto es, restituir las garantías constitucionales de libertad económica y autonomía del Banco Central. Luego debe plantearse de una vez la redefinición de la relación Petróleo-Estado y sociedad. El rentismo, clientelismo y estatismo son producto de la combinación de una sociedad tradicionalmente personalista con una fuente amplia de recursos. La sociedad en sus deseos y espíritu de cambio debe dejar de ser actor pasivo en esta relación y comenzar a empoderarse. El poder trae consigo responsabilidades y eso es lo que se quiere: una sociedad que entienda que la riqueza no proviene del subsuelo sino de su trabajo y, por tanto, concentra su aumento de la riqueza en el trabajo productivo. El petróleo en este escenario debe ser palanca de emprendimiento, hacedora de hombres responsables. La política social en este sentido va de la mano con la política económica. La transformación social que empieza con buen ánimo debe materializarse en resultados de procesos de mediano y largo plazo. Constituir una sociedad de hombres productivos pasa por invertir grandes esfuerzos en la educación. Así, el pilar de la política social debe ser la educación, una educación profunda y trascendente, que se ampare en una reformulación del sistema educativo venezolano. Esta reformulación parte de invertir la pirámide para enfocar recursos en la población que pueda generar mayor impacto, tanto por el número de beneficiados, como por la transformación cultural a suceder en las próximas generaciones.

La transformación social de Venezuela pasa por una sociedad civil mucho más involucrada en el asunto público, que permita, de la mano con las políticas públicas unas instituciones sólidas y funcionales. El fortalecimiento institucional sólo será posible en el momento que se establezcan y se ejerzan efectivamente mecanismos de control y resguardo. La contraloría social y la deliberación de los asuntos públicos son funciones vitales para la existencia de un país diferente.

El proceso hacia la Venezuela que anhelo es un proceso integral: la sociedad civil compuesta de ciudadanos empoderados trabajan de la mano de un gobierno que cumple su función, donde ambos –sociedad y gobierno- comparten un ideal, un espíritu de cambio y todos trabajan para el alcance efectivo de ese proyecto país. Además, este proceso se compone de 3 partes constitucionales e indispensables: un sueño compartido que moviliza a todos los sectores a luchar juntos por un cambio; unas acciones enfocadas en el corto plazo, que permitan aprovechar ese momento favorable en el que todos están dispuestos a colaborar, basadas en cambios coyunturales y estructurales; y unas acciones enfocadas en el largo plazo, enfocadas en hacer perdurable los logros alcanzados.

En fin, en mi Venezuela la realidad se colma de sueños concebidos, donde todos tenemos las mismas posibilidades de llevar la vida que deseamos, reconocemos nuestros deberes, y se respetan nuestros derechos. La economía está liderada por la iniciativa individual, la política está liderada por el servicio y lo social se define por las relaciones de solidaridad y apoyo mutuo. El asunto público en estas condiciones se convierte en aceite para la creación de riqueza,  en garante para el ciudadano y en espacio para el progreso y el bienestar.

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