Ensayo presentado al Concurso de Libertad y Prosperidad. Escrito el 20-07-2009
Queremos ayudar a los desfavorecidos y con esa idea en mente planeamos y diseñamos las políticas públicas. En el caso del mercado laboral, donde empleados y patronos interactúan libremente dando como resultado los contratos laborales, el Estado siempre les ha dado el espaldarazo a los empleados. Ellos son los que la tienen difícil, porque su poder de negociación es relativamente menor que el de su par empleador. Este, es quien combina los factores productivos y sólo contrata en función de lo que necesita. Tiene los recursos económicos para sortear con mayor facilidad las crisis, no es como el empleado, que sólo cuenta con lo que recibe de vender su fuerza de trabajo en el mercado. Para él, trabajar es igual a vivir, porque su subsistencia y la de su familia dependen de ello.
Los hacedores de política se han dado cuenta de esta aberración, y por eso han intervenido al mercado. Con consignas como: “Los salarios del empleado no pueden estar jamás condenados a la libre interacción del mercado. No podemos permitir que la subsistencia de miles de familias se vean afectadas por cosas tan abstractas como la sobre oferta de mano de obra”. Parte su afán por dar justicia y con ello se establecen las políticas laborales que todos conocemos.
Tenemos años viviendo con estas políticas inspiradas en el sentido justiciero del Estado. Tenemos años escuchando estas consignas, y también tenemos años conviviendo con los resultados. Esto último es importante, porque la única forma de poder evaluar la efectividad de una política es a partir de sus resultados. Pues veamos los elementos del mercado laboral hoy, resultado de esas políticas, y discutamos acerca de lo que es deseable y lo que no.
- El sueldo mínimo es insuficiente para pagar la canasta básica alimentaria. Muy a pesar de que su incremento total en los últimos diez años haya superado el 500%[1].
- El 44.1% de la población total ocupada se encuentra fuera del sector formal, es decir, las políticas laborales no lo benefician directamente[2].
Estos dos datos son reveladores. El primero, ¿Cómo es posible garantizar un nivel digno y justo de vida con ingresos por debajo de los costos básicos de subsistencia? El segundo, ¿Cómo puede estimarse de efectiva una política laboral cuando sólo beneficia al 56% de la población total ocupada?
Esto no es una crítica al gobierno actual, es una crítica a todos los gobiernos. Desprendiéndonos del primer punto y quedándonos sólo con el segundo, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que la proporción sector formal – informal se ha mantenido de manera similar durante la dictadura de Marco Pérez Jiménez, durante los cuarenta años de la cuarta república y durante estos diez años que llevamos en Revolución[3]. Paradójicamente, a pesar de las diferencias ideológicas y políticas que protagonizó cada equipo en el aparato estatal, obtuvieron resultados parecidos en cuanto al mercado laboral. Con la meta de traer justicia y equidad a la población, implantaron políticas laborales (desde 1936 con la LOT, en 1940 la Seguridad Social, 1959 INCE, 1974 Salario Mínimo e inamovilidad, 1986 LOPCYMAT, y alimentación a los trabajadores en 1998) que no han pasado de ser una aspiración en tanto no satisficieron realmente el espíritu que las impulsó. No se le puede agradecer a estas leyes (manifestaciones positivas de las políticas públicas) el haber traído más equidad y justicia si ellas no son aprovechables por toda la población. El sector informal siempre ha sido importante, y los trabajadores que en él se encuentran nunca han podido disfrutar de un patrono que cumpla con las exigencias del Estado. Se necesita que la empresa esté formalmente constituida para que la coacción del Estado –instrumentada por medio de las leyes- sea efectiva. Sin esta formalidad, no hay política pública que valga.
Parece ser, que esas ideas que desde un principio inspiraron al policy maker a irse sólo a favor de los trabajadores no estaban tan ajustadas a la realidad. ¿Qué pudo haber pasado? Nos responderán: ¡Estas ideas son verdaderas!, el trabajador siempre ha estado en desventaja para negociar; el trabajador depende exclusivamente del salario para sobrevivir; el trabajador no puede prescindir de unos ingresos corrientes y estables. Entonces, ¿Qué sucede? Y obtenemos silencio. Nosotros proponemos responder: Sucede que el mercado no es un espacio donde interactúa solo el empleado, siempre a la sombra de un trabajador existe un empleador. El resultado en conjunto necesita de ambos actores, y si actuamos sólo a favor de unos olvidándonos de los otros, puede que ese resultado que buscábamos al implantar la política nunca se dé.
Debemos partir de la premisa que para que haya justicia social debe existir un marco lo suficientemente fuerte que resista el compromiso. Mientras que no haya un aumento sostenido de empresas nuevas, que permita la inclusión cada vez más mayor de empleados al sector formal, debemos olvidarnos de verdadera justicia y equidad social. Mientras que no se revisen las causas que desincentivan a los promotores de la innovación y el desarrollo a inmiscuirse en la aventura de constituir empresas responsables, debemos olvidarnos de seguridad social y alimentaria para todos. Mientras que no haya un espacio para la libre iniciativa, que tome riesgos con promesas de éxito, no habrá política laboral efectiva en nuestro país.
A las ideas verdaderas de la situación del trabajador, debemos incluir las igualmente verdaderas del empresario, el cual es más empresario por su capacidad de innovar, por su creatividad y su disposición a tomar riesgos para ser independiente, que por ser dueño del capital. El emprendedor, ávido de oportunidades para poner sus manos y su cerebro al servicio del éxito económico, pero sin un bolívar en su cuenta, a ese también hay que ayudar. Los hacedores de política deberían preguntarse también, cuántos de esos trabajadores que tienen la intención de ayudar, estarían más agradecidos al recibir oportunidades de emprendimiento empresarial, que garantizarles unas condiciones que ellos mismos aborrecen. Deberían preguntarse, ¿Cuántos prefieren sortear los riesgos que implica constituir un negocio? en lugar de buscar los medios para que reciban sólo pan y techo. Parece más deseable aducir a sus deseos de auto superación que a sus necesidades, porque en la lucha por conseguir ser exitosos muy seguramente quedarán libres de la preocupación por comer las 3 raciones diarias.
[1] Para la relación canasta básica – salario ver: http://economia.noticias24.com/noticia/3418/ajuste-del-salario-minimo-no-cubre-costos-de-canasta-basica/ Para el crecimiento del salario mínimo revisar: http://www.mpd.gob.ve/Logros-Revolucion/logros-eco/producto5.htm
[2] Del Ministerio del Poder Popular para la Planificación y Desarrollo: http://www.mpd.gob.ve/Logros-Revolucion/logros-soc/social6.htm#pib
[3] Para los datos desde 1952 hasta el 2002, ver: BAPTISTA, Asdrúbal. 2006. “Bases cuantitativas de la economía venezolana 1830-2002”. Fundación Polar. Caracas, Venezuela.
No hay comentarios:
Publicar un comentario