miércoles, 22 de junio de 2011

Liberalismo o Socialismo… ¿tenemos alguna otra alternativa?

Antes de la Revolución Francesa y la Ilustración, imperaba como relación social lo divino sobre lo humano, la inamovilidad del mundo y la predestinación divina. El rey era elegido y protegido por Dios y la santa palabra era irrefutable. El desarrollo de la ciencia y el humanismo abrieron las puertas al hombre y con ello se justificó grandemente el individualismo. La constitución, división de poderes y soberanía del pueblo, fueron todos resultados políticos de asimilar todas esas ideas en las prácticas sociales. En lo económico, la Revolución industrial permitió romper la profecía maltusiana y obtener sendas de crecimiento que trajeron una calidad de vida nunca antes experimentada por la humanidad en su historia. El individualismo fue arma de la revolución, la concepción del mundo que permitió que la historia experimentara cambios cualitativos importantes. Los hombres de la Edad Media no tienen punto de comparación con los hombres modernos, estos han superado el mito y roto las barreras, han demostrado que la Tierra no es el centro del Universo y que es ella quien gira en torno al Sol. El fruto del uso de la razón fue la rebelión a lo establecido.
Pero la historia no se detiene y no se estabiliza, se mueve hacia adelante con paso certero y firme, a veces lento a nuestros ojos, pero siempre está en movimiento.
No pudimos quedarnos quietos y a lo obtenido lo juzgamos. No los protagonistas históricos del momento, ni tampoco aquellos que disfrutaban de sus beneficios, sino aquella parte de la humanidad marginada, que formaba parte de la construcción de la riqueza pero no podía disfrutar de ella. Ni tampoco de la democracia, porque sólo tenían derecho a voto  aquellos que tuvieran la razón, y en este primer momento la convicción era que la razón no les pertenecía ni a los obreros, ni a las mujeres, ni a los analfabetos. Exclusión social, explotación y desigual distribución de los derechos, realidades todas que los nuevos agentes del cambio reclamaban al sistema. Ya no será el individualismo quien abandere la transformación, el ha quedado relegado al lugar del acusado. Es la época del cambio y será el desarrollo de lo Social quien dictará la pauta. Firme en críticas y observaciones pero apresurada en conclusiones la lucha social nos llevó a conflictos difíciles. No fue, como la revolución pasada, un conjunto de acciones no concordadas trabajando por el mismo fin, esta fue intencionada y dirigida, determinista y violenta. Como se esperaba, no dio resultados, fue demasiado el ego con que se estimó el cambio, no se percató que la interacción humana y social involucra millones de acciones imposibles de coordinar, de someter, de coaccionar. En la lucha por el cambio obvio los avances hechos por el individualismo e intentó suprimirlos. Fracasó, no podía haber otro destino diferente.
Sin embargo, las demandas fueron oídas y al igual que la primera revolución que permitió la entrada a la Era Moderna otra se estaba gestando. Pequeñas acciones que produjeron cambios cualitativos, el Estado Social de Derecho, el Estado de Bienestar como alternativas, y el voto universal, la justicia social y la distribución equitativa del ingreso como compromisos insoslayables fueron muestras tangibles de esos cambios. Todas estas acciones tomadas del Estado, desde el extremo jerárquico de la sociedad.
El elemento social conviviendo con el individual, una revolución construida sobre otra, tomando lo mejor de cada una. Hemos llegado al presente, somos nosotros los actores de este momento histórico. Conocemos el movimiento, la tendencia, sabemos que es indetenible. No estamos satisfechos con lo que vemos, las revoluciones que otros han protagonizado no terminan de alcanzar sus promesas. Bienestar social, justicia y equidad son sólo aspiraciones, queremos que se realicen.
Este es nuestro reto, esta será nuestra hazaña, Estamos destinados a ser los protagonistas del próximo cambio histórico, aquel que termine de hacer cuajar las contradicciones, porque conscientes estamos que los logros del pasado deben perdurar, tanto la constitución, la división de poderes y el sistema económico basado en el incentivo y esfuerzo individual, como la democracia plural, participativa e incluyente, la distribución y la justicia social.

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