jueves, 5 de abril de 2012

Oposición sin visión no es solución

Inédito


Los grupos que se le oponían a Carlos Andrés Pérez en su segundo gobierno son los que hoy se le oponen a Chávez. Este hecho, casi inadvertido con el pasar de los años, me causó gran impresión luego de dedicarle algo de mi tiempo libre a la lectura de "La rebelión de los náufragos" de Mirtha Rivero. Los grupos económicos, los medios de comunicación, los partidos políticos (hasta Acción Democrática, que en su mayoría no apoyaba a su presidente, a pesar de ser un símbolo histórico del partido). Y me causó gran impresión porque el gobierno de CAP II y el de Chávez no tienen analogías, o por lo menos, éstas no son evidentes. Tampoco hay similitudes en los temas que se esgrimen y se esgrimían hoy y en aquel momento contra los gobiernos a los que se les oponen. Siendo diametralmente diferentes los gobiernos y diametralmente diferentes las razones por las que se le oponen los grupos de la sociedad civil, resulta contra intuitivo imaginar que eran los mismos grupos los que se les oponían a uno y otro gobierno.

Para nuestro primer caso, CAP II, la oposición se basaba para la izquierda en las medidas neoliberales del gobierno, para la derecha en la corrupción de los que gobernaban. Ese debate de élites intelectuales (que podían discernir entre una posición ideológica u otra) se filtraba a la población en pastillas comunicacionales: El político sólo está interesado en robar, el sistema está enfermo y los caminos regulares no sirven para resolver nuestros problemas, entre otras cosas, que se transformaron en las bases de la antípolítica. Estas pastillas no fueron sólo generadas por los medios de comunicación, sino también por los mismos actores políticos. Algunos justificando los golpes de Estado, otros desprestigiando públicamente a sus adversarios aun siendo del mismo partido político (la población decía, si así son las cosas en el partido, cómo serán en el gobierno), e incluso aprovechándose del déscredito de algunos y abanderando el mensaje "Yo no vengo de ningún partido" para alcanzar el poder.

Para nuestro caso hoy, hemos vivido durante años una oposición basada en las críticas a la ideología del partido de gobierno, al sectarismo, al poder de los ministros y los que están en altas posiciones de poder. Estas críticas suenan a veces como gritos del niño que ha perdido su posibilidad de jugar videojuegos porque otro tiene el control, gritos que provienen no porque el control se perdió de manera violenta o porque no se esperó a que se acabara el turno, sino por el simple hecho de no tener el control en las manos. Y aquí está mi primera gran impresión al repasar la lectura del libro: oponerse por oponerse no da resultado, hay que tener claridad que es lo que se crítica y por qué.

A mi entender, las críticas más fuertes al gobierno de CAP II identificaban síntomas del problema como causas, y al proponer su desaparición, crearon nuevos y más profundos problemas. El problema no eran sólo los políticos de la época, y que con el tiempo se hayan propuesto alternativas como actrices de televisión o militares para su reemplazo es un indicador claro que como sociedad no identificamos correctamente cual es el problema. Traigo esto a colación porque no es suficiente el acuerdo común entre los factores que hacen vida en una sociedad de que hay que cambiar (como efectivamente pasó con CAP II, que después de un breve intermedio con Caldera terminamos teniendo a Chávez como propuesta de solución a la antipolítica del momento), eso es una condición necesaria para producir el cambio, pero no suficiente. Hace falta tener claridad de que es lo que hay que cambiar, por qué hay que cambiarlo, y más o menos hacia donde se quiere transitar. A mi entender ese es el rol que juegan los políticos hoy día. Sin actores que sepan lidiar con los múltiples intereses sociales, que estén dispuestos a trabajar en los asuntos públicos con un sentido de servicio y con una legítima aspiración al poder, no podremos avanzar a mejores posiciones como sociedad. Pero, ¿Qué tienen que ver los políticos con la condición suficiente para que el cambio sea provechoso para todos? Tiene que ver todo, por que la otra condición para progresar es que la sociedad comparta una visión, un conjunto de aspiraciones que quiera alcanzar, y luego debe formarse un proyecto para esa realización. Para que exista esa visión compartida se debe trabajar en ella y ese es uno de los roles del político: ser promotores en la construcción colectiva de la visualización del futuro que queremos. Pero aun eso no es suficiente. Los políticos tienen la obligación de proponer proyectos para la realización de esa visualización.

A mi entender hoy nos encontramos en una situación similar a la de los años 90, exigimos un cambio y hemos establecido cuales son las cosas que queremos que cambien ¡Cuidado! Podemos equivocarnos nuevamente y confundir los síntomas con causas. Establecer, por ejemplo que es la ideología del gobierno la que nos metió en este problema, cuando la realidad es que después de más 20 años del Caracazo, aun no hemos establecido una verdadera democracia deliberativa, donde además de la amplia participación popular, se establezcan mecanismos para empoderar a toda la población; o decir que el problema de la violencia es porque hay más malandros en la calle y se olvida que las policías, los tribunales y las cárceles no están cumpliendo su función; o decir que el problema económico son las negociaciones con China y Bielorrusia en lugar de negociar con las empresas nacionales, cuando nuestra productividad es baja y no somos competitivos. 

En el pasado exigimos cambios y quienes eran nuestros responsables políticos tomaron los mensajes de moda y llegaron al poder, contando sólo con una visión de lo que no quería la sociedad pero sin una visión clara de futuro; sin un proyecto definido, y de tenerlo, con unos actores sociales sin disposición a transitarlo. Hoy, estamos en las vísperas de un nuevo cambio, un cambio demandado por los mismos sectores que en un momento trajeron a Chávez al poder y creo pertinente hacer 2 advertencias: 

1. A la sociedad: primero, los políticos son necesarios para la creación e instrumentalización de nuestros ideales colectivos. Segundo, no es suficiente aspirar juntos a un cambio, es necesario tener la aspiración común de adonde vamos.
2. A los políticos: Es legítimo adaptar el proyecto político a las demandas sociales, pero no es legítimo construir un proyecto político basado sólo en la moda electoral, porque no se construye futuro sin una visión clara de lo que se va a hacer con el poder. 

Los tiempos que vienen serán mejores en la medida que como sociedad compartamos una visión de país, y que nuestros políticos trabajen por ella.

martes, 27 de marzo de 2012

Algunas consideraciones acerca del problema del subsidio a la gasolina en Venezuela

Basado en informe final presentado para la materia: Economía del Sector Público I, programa MGP 2012-13 del IESA


¿Cuál sería la justificación económica de un incremento del precio de la gasolina en Venezuela?

Existen  2 argumentos acerca de la necesidad inminente de incrementar el precio de la gasolina:
1.       La tendencia decreciente del precio indica que en el corto plazo el precio de la gasolina será insignificante, ubicando el mercado en la zona más elástica de la demanda, donde tiende a infinito. No existe proyección de producción que satisfaga esos requerimientos internos.
2.       El subsidio a la gasolina se incrementa a una tasa creciente, lo que hace cada vez más costosa la regulación, aumentando los sacrificios sociales por conservar el subsidio.
Para respaldar estos argumentos presentamos esta información:

Como se aprecia, el precio real de la gasolina ha caído constantemente. Hoy, un barril de gasolina está por debajo de los 5 USD. El mantener el precio fijo en una economía inflacionaria abarata el bien regulado. Estudiando la demanda de gasolina, identificamos que el principal componente de ella proviene de los usuarios de vehículos, es decir, su consumo se realiza como un bien complementario. Podemos esperar entonces que la caída real del precio produzca un incremento en la existencia de vehículos. Analizando el periodo 1999-2008, vemos que el nivel de vehículos se ha duplicado (aumentó 130%)[1] y este incremento total de vehículos tiene una correlación de -0,87 con los precios de la gasolina. Si el precio de la gasolina disminuye y aumentan los vehículos en la calle, tenemos que la cantidad de gasolina a producir también se incrementa. Veamos el siguiente gráfico:

El precio regulado induce un aumento de la producción de gasolina. Conviene preguntarse ¿Hasta qué nivel de producción podrá suplirse con la capacidad actual de PDVSA? ¿Cómo crecerá la demanda los próximos años? Y ¿La estructura actual de distribución podrá soportar este incremento?
Veamos el análisis

Como se observa, en la medida que el precio real se acerca a 0 la demanda se hace asintótica al eje, convirtiéndose en perfectamente elástica. Cambios mínimos en el precio disparan la demanda. Esto nos indica que de continuar con la política de regulación, muy pronto encontraremos problemas de producción, distribución y venta de gasolina. Esto derivará en conflictos sociales y estancamiento económico.
Finalmente, tenemos que evaluar cuanto nos está costando esta regulación. Veamos la tabla:

El subsidio a la gasolina crece todos los años y cada vez lo hace más aceleradamente. En el cuadro podemos evidenciar que en promedio, el subsidio total de la gasolina casi se duplica cada año. En un escenario donde se produce subsidiado y se debe aumentar la producción, se aumenta también cada año el subsidio. ¿Qué otras políticas se dejan de hacer preservando esta regulación?[2] Los trade off se harán más importantes.

¿Cuáles son las principales consideraciones de Economía Política que se deben tomar en cuenta para tomar una medida como esta?

Nuestra mayor tarea es identificar quienes ganan y quienes pierden con el precio de la gasolina como se encuentra hoy.
Ganadores:
-          Todos los usuarios de vehículos. Directamente quienes poseen vehículos, indirectamente quienes se benefician de ellos. Entre estos incluimos a pasajeros y quienes transportan mercancías.
-          Los fabricantes, importadores y distribuidores de vehículos, y en menor medida, los talleres mecánicos, constructores viales, y los sectores asociados y complementarios.
Perdedores:
-          El gobierno, que financia la regulación y soporta las presiones sociales por la falta de cumplimiento de otros compromisos dejados de lado por mantener la regulación.
-          Poblaciones fronterizas, quienes sufren las fallas del mercado producto de la regulación. En las poblaciones cercanas a las fronteras, los extranjeros vienen a nuestro país por gasolina barata. Como no existen mecanismos para discriminar el beneficio entre nacionales y no nacionales, todos consumen. Los consumidores actúan racionalmente[3], y por tanto las estaciones de servicio viven interminables colas siempre.
-          Los usuarios de vías de tránsito, quienes sufren las externalidades del tráfico lento.
-          Los consumidores que desean medios de transporte alternativos como trenes, tranvías o incluso la bicicleta. Si las demandas públicas se encuentran en más vías para carros y en conservar el subsidio, entonces siempre se sacrificará presupuesto para la construcción de nuevos medios de transporte y ciclovías, por ejemplo.
-          Individuos preocupados por el tema ecológico. No sólo por la contaminación, sino también porque no hay incentivos para medios de transportes menos contaminantes, ni inversiones públicas en este sentido.

¿Cuáles son las principales consideraciones en relación con la implementación de la medida?

Aunque parezca que la lista de perdedores es más grande que la de ganadores con la situación actual, son el grupo de ganadores quienes están mejor organizados. En Venezuela no existe un solo grupo de interés organizado que defienda explícitamente el incremento del precio de la gasolina, aunque sus fines pueden ser alcanzados más fácilmente si el precio aumentara. Los grupos ecologistas y aquellos que presionan a las autoridades públicas por más y mejores sistemas de transportes públicos y áreas verdes, serían aliados potenciales en una campaña en pro del aumento del precio. Esta es entonces nuestra primera y gran consideración: hay que cambiar la balanza de poder público de los grupos de interés, fortalecer más a aquellos que pueden ser aliados para cambiar la política de regularización, y debilitar a aquellos que la quieren conservar.
Esta consideración se puede alcanzar tomando acciones en diferentes ámbitos:
-          Proponer una implementación gradual que privilegie a los que mayores probabilidades de rechazo tengan sobre la propuesta. Podría ser una solución estilo Irán, quien decidió transferir parte del subsidio directamente a las familias, respondiendo al principio de responsabilidad política, el cual dice que las decisiones del gobierno deben reflejar las preferencias de los electores.
-          Presentar plan de ampliación de transporte público nacional con metas claras y mecanismos que garanticen cumplimiento, con la idea de generar confianza en los potenciales perdedores del subsidio con menos recursos.
-          Iniciar una campaña de concientización acerca de quiénes son los principales beneficiarios del subsidio, que en nuestro caso son los sectores clase media principalmente. Un 69,4% de los beneficiarios del subsidio a la gasolina se encuentra en estos sectores, indicando lo regresiva que es la política de regulación. Esta campaña de concientización debe incluir a voceros de los grupos de perdedores para hacer conciencia en la población de los perjuicios del subsidio a la gasolina, la escasez de transporte público nuevo y diversificado, de ciclovías, de aceras más amplias para disfrutar las ciudades y áreas verdes.


[1] Tomado de la Cámara de Fabricantes Venezolanos de Productos Automotores. FAVENPA
[2] Opinadores como Asdrúbal Oliveros, sitúan el subsidio a la gasolina entre 2-4% del PIB. Si esta proporción es cierta, el subsidio a la gasolina es mayor a lo presupuestado para sectores como salud y educación.
[3] Podemos entender a la gasolina como un bien común, rival pero no excluyente

jueves, 1 de marzo de 2012

Que orgullo ser economista!

Justo después de terminar finalmente mi carrera no perdí el tiempo y comencé un posgrado. Maestría en Gerencia Pública para ser más precisos. Algo práctico después de haber seleccionado todas las materias de la mención "Teoría Económica" durante mi pregrado. Mi sorpresa, entre las primeras materias a estudiar se encuentra Economía del Sector Público, donde, a pesar de mi bagaje, he encontrado interesantes momentos para el aprendizaje. Sin embargo no es eso lo que me anima a escribir este artículo, sino la experiencia de compartir aula con tan variados profesionales y ser el único economista.

Ha sido mayor mi sorpresa la interacción con ellos y con las clases de economía, no porque ellos demuestren dificultades para captar o similar conceptos, sino por descubrir en mi mismo que de verdad soy un economista. Entender todo en términos relativos; poner sobre la mesa siempre que las hipótesis que hacemos se construyen sobre un entorno y supuestos definidos, y que sin ellos nuestras conclusiones acerca del fenómeno social pueden ser inválidas; ver en cada decisión las posibles alternativas y restricciones y captar de inmediato el costo de oportunidad, son elementos que constituyen aquello que los libros de texto llaman "Pensar como Economistas"

Nos acercamos a nuestro primer parcial de la materia, y por más remordimiento de conciencia que me cause el hecho de ver a todos mis compañeros estudiando día y noche y yo no tanto, no puedo evitar estar tranquilo, porque en el fondo, lo que se está estudiando es cómo pensar como economista, y para mi fortuna, yo ya soy uno... Han pasado algunos meses desde que me gradué, y es primera vez que de verdad me siento como un legítimo profesional. Y siendo honestos, me siento mucho más satisfecho que el día que me entregaron mi título en el Aula Magna, porque esto para mi tiene mucho más valor que el reconocimiento social de haber cumplido con las exigencias mínimas para ser acreedor de un título universitario.

Acerca del ser economista les quiero compartir una reflexión:
El estudio de la economía no parece exigir ningún don especializado de un orden excepcionalmente superior. ¿No es... disciplina muy fácil comparada con las ramas superiores de la filosofía o la ciencia pura? Una disciplina fácil ¡En la que muy pocos sobresalen! La paradoja tal vez tenga su explicación en que el economista experto debe poseer una rara combinación de dones. Debe ser en cierta medida matemático, historiador, estadista, filósofo. Debe contemplar lo particular desde la óptica de lo general y considerar en un mismo razonamiento lo abstracto y lo concreto. Debe estudiar el presente a la luz del pasado pensando en el futuro. Ningún aspecto de la naturaleza del hombre o de sus instituciones debe quedarse al margen de su consideración. Debe ser simultáneamente decidido y desinteresado; tan distante e incorruptible como un artista y, sin embargo, a veces tan cercano al suelo como un político." John Maynard Keynes
Esta frase de Keynes dice que hace a un economista ser considerado un Gran Economista. Yo seguiré trabajando para ser uno muy bueno!

domingo, 26 de junio de 2011

Activista de Voluntad Popular, el cambio comienza en nosotros

Publicado originalmente en Facebook, el 22-06-2011

Un drama que tenemos hoy en Venezuela es que no hay capital social. La desconfianza está por doquier y se alimenta de la intolerancia, la polarización política y la inseguridad. Como venezolanos nos hemos atomizado, reduciendo nuestro círculo de confianza a nuestra familia y más íntimos amigos. Para construir una mejor Venezuela se necesita de mucho trabajo, pero ante todo, de trabajo en equipo. Y nuestro equipo no podrá nunca construir esa Mejor Venezuela en la medida que no trabaje sinérgicamente unida y alimentada por la esperanza y el deseo de tener una vida plena, digna. Una condición para la realización de este sueño es que como venezolanos tengamos un punto de encuentro, que podamos acercarnos sin el temor de poner en riesgo nuestra vida, ni el temor a ser incomprendidos ni apoyados. Para trabajar como equipo necesitamos confiar en que el otro quiere lo mismo que yo, y que más allá de sus diversos pareceres, quiere también trabajar por ello.
Parte importante de esto último me motivó a cambiar de trabajo, a unirme a un grupo de personas que entendían que nuestro problema como venezolanos estaba en la reconciliación nacional, en la construcción de puentes sociales, en brindarle herramientas a las personas con menos oportunidades para poder surgir. Así se creó Voluntad Popular, y durante 2 años estuvo construyendo en Venezuela tejido social, canales basculantes para resolver los problemas de la gente, trayendo esperanza y convicción de que una Nueva Venezuela es posible. Este discurso fresco tiene contenido y gente de excelentísima calidad lista para dar lo mejor de sí por el país.
Siguiendo con nuestros ideales y el principio que no hay mayor verdad que la que refleja nuestra acción, hemos decidido demostrar nuestro talante democrático por medio de elecciones, abiertas, paritarias y con voto multimodal. Nos hemos concentrado en trabajar en nosotros, en nuestra estructura e institución para estar lo mejor organizado para los nuevos retos que se vienen, y seguir demostrando que con nuestras acciones estamos llamados a transformar la política en Venezuela.
Estamos ante una dura prueba y yo les pido, les imploro que no olviden por quien trabajan, por qué hacen campaña y que quieren conseguir con el cargo al que se postulan. No olviden que ya nos encontramos en una sociedad dividida, polarizada que no cree ni en sus instituciones ni en los ciudadanos con los que comparte sociedad; no olviden que estamos recreando el escenario de las primarias de la oposición, y que está en nosotros demostrar que se pueden llevar adelante contiendas electorales con respeto, consideración y compostura, sin trampas ni ventajismo; recuerden que nos jugamos la institución, y que este proceso es para sumar y no para dividir o restar; recuerden que por sobre todas las cosas, el cambio empieza en nosotros y lo que tanto reclamamos a nuestros contendores tenemos que reclamárnoslo primero a nosotros mismos, pero con mucha más vehemencia.
Un elemento fundamental en el ser del activista, es que como individuo entiende que sólo por medio de su acción puede transformar su entorno. Un activista entiende que sus acciones son transformadoras, y es así como asume la responsabilidad de su situación y no busca culpar al gobierno, o a la comunidad o a la “viveza criolla” de cómo se encuentra, sino que entiende que el mayor responsable es él, y está en sus manos vivir mejor.
Somos activistas de Voluntad Popular, asumimos la responsabilidad de nuestra situación y predicamos con el ejemplo lo que deseamos para el país. Si queremos un país unido y reconciliado, con una visión de país compartida para tener a toda la sociedad venezolana como un gran equipo, debemos empezar siendo un gran equipo aquí en Voluntad Popular.
Es normal que se creen alianzas y adversarios momentáneos, eso no es reprochable. Sí lo es que se actúe deshonrosamente, calumniando al otro y buscando con amiguismos obtener ventajas de información y de recursos para la campaña. Les digo, que los veo como espectador y parte de la maquinaria que lleva el proceso: ésta es su oportunidad de brillar, y al hacerlo, toda Voluntad Popular lo hará.
¡Sigamos siendo innovadores, sigamos siendo ejemplo, sigamos adelante, que el 10 de julio haremos historia!

Las Dos Caras Del Mercado Laboral en Venezuela

Ensayo presentado al Concurso de Libertad y Prosperidad. Escrito el 20-07-2009
Queremos ayudar a los desfavorecidos y con esa idea en mente planeamos y diseñamos las políticas públicas. En el caso del mercado laboral, donde empleados y patronos interactúan libremente dando como resultado los contratos laborales, el Estado siempre les ha dado el espaldarazo a los empleados. Ellos son los que la tienen difícil, porque su poder de negociación es relativamente menor que el de su par empleador. Este, es quien combina los factores productivos y sólo contrata en función de lo que necesita. Tiene los recursos económicos para sortear con mayor facilidad las crisis, no es como el empleado, que sólo cuenta con lo que recibe de vender su fuerza de trabajo en el mercado. Para él, trabajar es igual a vivir, porque su subsistencia y la de su familia dependen de ello.
Los hacedores de política se han dado cuenta de esta aberración, y por eso han intervenido al mercado. Con consignas como: “Los salarios del empleado no pueden estar jamás condenados a la libre interacción del mercado. No podemos permitir que la subsistencia de miles de familias se vean afectadas por cosas tan abstractas como la sobre oferta de mano de obra”. Parte su afán por dar justicia y con ello se establecen las políticas laborales que todos conocemos.
Tenemos años viviendo con estas políticas inspiradas en el sentido justiciero del Estado. Tenemos años escuchando estas consignas, y también tenemos años conviviendo con los resultados. Esto último es importante, porque la única forma de poder evaluar la efectividad de una política es a partir de sus resultados. Pues veamos los elementos del mercado laboral hoy, resultado de esas políticas, y discutamos acerca de lo que es deseable y lo que no.
-       El sueldo mínimo es insuficiente para pagar la canasta básica alimentaria. Muy a pesar de que su incremento total en los últimos diez años haya superado el 500%[1].
-       El 44.1% de la población total ocupada se encuentra fuera del sector formal, es decir, las políticas laborales no lo benefician directamente[2].
Estos dos datos son reveladores. El primero, ¿Cómo es posible garantizar un nivel digno y justo de vida con ingresos por debajo de los costos básicos de subsistencia? El segundo, ¿Cómo puede estimarse de efectiva una política laboral cuando sólo beneficia al 56% de la población total ocupada?
Esto no es una crítica al gobierno actual, es una crítica a todos los gobiernos. Desprendiéndonos del primer punto y quedándonos sólo con el segundo, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que la proporción sector formal – informal se ha mantenido de manera similar durante la dictadura de Marco Pérez Jiménez, durante los cuarenta años de la cuarta república y durante estos diez años que llevamos en Revolución[3]. Paradójicamente, a pesar de las diferencias ideológicas y políticas que protagonizó cada equipo en el aparato estatal, obtuvieron resultados parecidos en cuanto al mercado laboral. Con la meta de traer justicia y equidad a la población, implantaron políticas laborales (desde 1936 con la LOT, en 1940 la Seguridad Social, 1959 INCE, 1974 Salario Mínimo e inamovilidad, 1986 LOPCYMAT, y alimentación a los trabajadores en 1998) que no han pasado de ser una aspiración en tanto no satisficieron realmente el espíritu que las impulsó. No se le puede agradecer a estas leyes (manifestaciones positivas de las políticas públicas) el haber traído más equidad y justicia si ellas no son aprovechables por toda la población. El sector informal siempre ha sido importante, y los trabajadores que en él se encuentran nunca han podido disfrutar de un patrono que cumpla con las exigencias del Estado. Se necesita que la empresa esté formalmente constituida para que la coacción del Estado –instrumentada por medio de las leyes- sea efectiva. Sin esta formalidad, no hay política pública que valga.
Parece ser, que esas ideas que desde un principio inspiraron al policy maker a irse sólo a favor de los trabajadores no estaban tan ajustadas a la realidad. ¿Qué pudo haber pasado? Nos responderán: ¡Estas ideas son verdaderas!, el trabajador siempre ha estado en desventaja para negociar; el trabajador depende exclusivamente del salario para sobrevivir; el trabajador no puede prescindir de unos ingresos corrientes y estables. Entonces, ¿Qué sucede? Y obtenemos silencio. Nosotros proponemos responder: Sucede que el mercado no es un espacio donde interactúa solo el empleado, siempre a la sombra de un trabajador existe un empleador. El resultado en conjunto necesita de ambos actores, y si actuamos sólo a favor de unos olvidándonos de los otros, puede que ese resultado que buscábamos al implantar la política nunca se dé.
Debemos partir de la premisa que para que haya justicia social debe existir un marco lo suficientemente fuerte que resista el compromiso. Mientras que no haya un aumento sostenido de empresas nuevas, que permita la inclusión cada vez más mayor de empleados al sector formal, debemos olvidarnos de verdadera justicia y equidad social. Mientras que no se revisen las causas que desincentivan a los promotores de la innovación y el desarrollo a inmiscuirse en la aventura de constituir empresas responsables, debemos olvidarnos de seguridad social y alimentaria para todos. Mientras que no haya un espacio para la libre iniciativa, que tome riesgos con promesas de éxito, no habrá política laboral efectiva en nuestro país.
A las ideas verdaderas de la situación del trabajador, debemos incluir las igualmente verdaderas del empresario, el cual es más empresario por su capacidad de innovar, por su creatividad y su disposición a tomar riesgos para ser independiente, que por ser dueño del capital. El emprendedor, ávido de oportunidades para poner sus manos y su cerebro al servicio del éxito económico, pero sin un bolívar en su cuenta, a ese también hay que ayudar. Los hacedores de política deberían preguntarse también, cuántos de esos trabajadores que tienen la intención de ayudar, estarían más agradecidos al recibir oportunidades de emprendimiento empresarial, que garantizarles unas condiciones que ellos mismos aborrecen. Deberían preguntarse, ¿Cuántos prefieren sortear los riesgos que implica constituir un negocio? en lugar de buscar los medios para que reciban sólo pan y techo. Parece más deseable aducir a sus deseos de auto superación que a sus necesidades, porque en la lucha por conseguir ser exitosos muy seguramente quedarán libres de la preocupación por comer las 3 raciones diarias.


[2] Del Ministerio del Poder Popular para la Planificación  y Desarrollo: http://www.mpd.gob.ve/Logros-Revolucion/logros-soc/social6.htm#pib
[3] Para los datos desde 1952 hasta el 2002, ver: BAPTISTA, Asdrúbal. 2006. “Bases cuantitativas de la economía venezolana 1830-2002”. Fundación Polar. Caracas, Venezuela.

miércoles, 22 de junio de 2011

Las organizaciones políticas que necesitamos

INÉDITO, escrito originalmente el 06-10-2010

Los venezolanos sabemos muy bien que tipos de organizaciones políticas no queremos. Tal vez el común de las gentes no tenga la capacidad para hacer su lista de cosas que le desagrada al ver a los partidos hacer su campaña en las calles o al dar ruedas de prensa en la televisión, pero de lo que sí se puede dar fe es que, por medio del voto, ha castigado a quien en su entender popular no merece estar en el poder. Así en las elecciones de 1998 se impuso por sobre los partidos tradicionales una oferta nueva y esperanzadora expresada en Chávez, mostrando con hechos que no era suficiente que se acordaran del pueblo sólo en épocas electorales y que las políticas públicas se enfocaran principalmente en dar apoyo circunstancial y desordenado, manejando el poder más como un objeto preciado que como un medio de solución a la problemática social.

Los años han pasado y las elecciones parecen mostrar nuevamente que la gente está tomando posición frente a las organizaciones políticas que no quieren. Este 26 de septiembre nos mostró a un país polarizado, que bien se puede interpretar como desesperanzado. Al mismo discurso victorioso de hace 12 años, recibido como la gran oportunidad de dejar en el pasado esas prácticas clientelares y populistas, sólo preocupadas a conservar el poder, no le ha quedado nada más que la vacía voz de su líder, porque todo el contenido ha quedado corroído en las acciones que día a día desde 1998 ha tomado el gobierno en la vida pública. Al lado de cada esperanza abanderada, la desilusión de la ineficiencia administrativa; al lado de cada reivindicación social, un acto de corrupción evidente y descarado que sólo le resta oportunidades a los más necesitados; al lado de la presentación de cada obra revolucionaria, el funeral de miles y miles de humildes organizados por señoras de barrio que deben llorar a sus hijos muertos, porque no encontraron el espacio para crecer y desarrollarse con salud, educación y trabajo. Ya la eterna campaña electoral, el juego político montado sobre la polarización fracasó como aglutinador de esperanzas. Al final, se descubre que es más de lo mismo que adversó al inicio, que sus prácticas son hijas del pasado.

Pero si la votación estuvo tan pareja, ¿Cómo puede decirse que perdió el chavismo? La oposición con los años se ha ido fortaleciendo en términos relativos y absolutos, ha dejado de ser “antichavista en esencia”, y ahora se organiza y existe en función de la defensa de intereses superiores, que todos los venezolanos encontramos indispensables para superar la pobreza: la reconciliación, la paz, el respeto a la pluralidad, el trabajo y la justicia social, LA UNIDAD como fórmula para alcanzar el bienestar. El organizarse en función a valores y principios nos permite hoy decir que estamos convirtiéndonos en Alternativa. Por otro lado, la abstención no afectó a la Unidad, sino por el contrario al chavismo. Hoy en día hay mucha gente no está tan segura del camino que llevamos sea el mejor, y a pesar de toda la propaganda, ya no reaccionan ante la presión y poder del gobierno, prefieren dejar de votar antes de votar por Chávez, ¿No es eso acaso una buena señal?

A pesar de lo que se crea, el poder no puede sostenerse si no cumple su palabra, si luego de esperanzar los corazones los abandona y llena de frustración. La gente se cansó de sólo recibir, de ser tratados como entes pasivos que no necesitan espacio político y que pueden ser manipulados por medio de dádivas y amenazas. No quieren el pasado y comienzan a reaccionar frente al presente. Nosotros como Alternativa, debemos seguir en el camino trazado y aprovechar las oportunidades que se abren, y a nuestro entender, eso pasa por desarrollar espacios y canales de participación. El pueblo quiere convertirse en sociedad civil, con su reconocida importancia y capacidad de acción. Al lado de las banderas de la reconciliación, la seguridad y la justicia social debe ir el desarrollo de mecanismos que tomen en cuenta la idea del ciudadano activo, creador. Porque sólo por medio del empoderamiento social, de la conciencia de que todo política pública debe dirigirse al liberar al hombre de sus cadenas (expresadas en pobreza, inseguridad, insalubridad e ignorancia) para hacer la vida que desea,  es que podremos tener por fin país donde las organizaciones políticas se encarguen de representar a la sociedad civil,  y que esta no se deje manipular más nunca por las promesas vacías de un estafador. Empoderar significa dar herramientas al hombre para que desarrolle su identidad, autonomía, y que la ejerza con responsabilidad. Una sociedad empoderada no necesitará jamás un líder fuerte para existir.

La Venezuela que anhelo: un sueño, sus condiciones y un camino

Escrito el 22-11-2010 para el concurso "Pensando en Venezuela" promocionado por el IFEDEC.

La Venezuela que anhelo es un país donde se celebra la hermandad y la solidaridad. Donde hay un espaldarazo en cada esfuerzo, porque se reconoce que las capacidades humanas sólo se manifiestan cuando entregamos todo de nosotros por alcanzar metas, que el talento y la habilidad son bendiciones, y no existe discriminación porque el éxito social y económico se base en ellas. La justicia social no es pretexto para la envidia, sino el entendimiento de unas necesidades básicas que deben satisfacerse para desarrollar una vida plena y competente.

La Venezuela que anhelo es un país reconciliado con su historia, sus tradiciones y su empeño de ser el ejemplo de América. Porque así como en el siglo XIX partió de nuestras tierras la campaña libertadora, y como a mediados del siglo XX fuimos la única democracia asentada en el subcontinente, así podemos hacer del siglo XXI otro momento de grandes gestas. La lucha contra la pobreza, el bienestar  y el respeto a los derechos dejan de ser aspiraciones y se convierten en realidades.

La Venezuela que anhelo ha superado sus determinaciones naturales e históricas, se ha sobrepuesto de su condición de país con recursos abundantes, y demostrado que puede promover el desarrollo basado en las actividades productivas más disímiles y variadas. Ha aprendido de su largo camino de caudillos, y su sociedad es fuerte y empoderada. Las instituciones estatales representan en sus formas y mecanismos el ideal del balance del poder, y en sus relaciones con la sociedad se prioriza el imperio de la ley. Los líderes políticos entienden su rol como servidor público y enfocan su acción a una asistencia diligente hacia la ciudadanía.

La Venezuela que anhelo cuenta con un robusto sistema democrático que basa su fortaleza en la participación activa de sus ciudadanos, que no se limitan a votar sino que se involucran en todo el proceso de toma de decisiones. Existen canales institucionales para deliberar, que se hacen indispensables en una sociedad llena de ciudadanos empoderados, con identidad, autonomía y acceso al poder.

Pero, ¿Este anhelo dista mucho de ser realidad? La verdad es que no, y no hay que ser ilusos para creerlo. ¿Cómo podríamos hacerlo? ¿Cuál podría ser un camino para alcanzar ese anhelo? Para empezar, con un nuevo gobierno que celebre la unión de todos los venezolanos y se enfoque en ser plataforma. Una plataforma que refleje los intereses y aspiraciones de su gente los cuales se pueden resumir en bienestar y progreso; una plataforma que base su fortaleza en ser parte de un proyecto de país compartido por todos, que permita recuperar la confianza y cohesión social luego de tantos años de polarización e intentos de dominación. Esta sería la base fundamental del cambio. Parte importante de las transformaciones  sociales se alimentan de ideas y existen en un contexto que refuerza esas ideas. El gobierno, como tarea inviolable, debe materializar en acciones y discurso ideas que refuercen las percepciones del cambio, que hablen de entusiasmo, trabajo mancomunado y esperanza.
Este comienzo sólo es posible con una sociedad que ha aprendido la lección de haber abandonado el asunto público, y que en el tiempo que duró su aprendizaje, tomó conciencia de su rol y decidió aceptar la responsabilidad. Es por ello que en la Venezuela que anhelo el nuevo gobierno proviene de esa sociedad civil consciente, llena de ciudadanos que participan activamente de lo público y que han superado sus diferencias para crear un mejor país. El gobierno es sólo la manifestación de su gente, que por vez primera en su historia republicana ha decidido primero volcarse hacia sí misma antes de buscar el poder. En este vuelco los ciudadanos han estrechado lazos con todos los sectores excluidos de siempre y comparten una idea de hacia dónde se debe ir. Así, la confianza interpersonal es sustento de la confianza en el Estado y se hace posible emprender acciones que busquen eliminar el odio y el resentimiento.

Un gobierno que se responsabiliza de la transformación social y constituido dentro de una sociedad como la planteo, debe procurar que todas sus políticas públicas sean instrumentos de un movimiento espiral ascendente al progreso y bienestar, que, basándose en esta primera entrega de confianza y altas expectativas, concentre todos sus esfuerzos en abordar con premura la economía y la política social.

La política económica debe comenzar por lo básico: restituir las condiciones básicas para el desenvolvimiento económico, esto es, restituir las garantías constitucionales de libertad económica y autonomía del Banco Central. Luego debe plantearse de una vez la redefinición de la relación Petróleo-Estado y sociedad. El rentismo, clientelismo y estatismo son producto de la combinación de una sociedad tradicionalmente personalista con una fuente amplia de recursos. La sociedad en sus deseos y espíritu de cambio debe dejar de ser actor pasivo en esta relación y comenzar a empoderarse. El poder trae consigo responsabilidades y eso es lo que se quiere: una sociedad que entienda que la riqueza no proviene del subsuelo sino de su trabajo y, por tanto, concentra su aumento de la riqueza en el trabajo productivo. El petróleo en este escenario debe ser palanca de emprendimiento, hacedora de hombres responsables. La política social en este sentido va de la mano con la política económica. La transformación social que empieza con buen ánimo debe materializarse en resultados de procesos de mediano y largo plazo. Constituir una sociedad de hombres productivos pasa por invertir grandes esfuerzos en la educación. Así, el pilar de la política social debe ser la educación, una educación profunda y trascendente, que se ampare en una reformulación del sistema educativo venezolano. Esta reformulación parte de invertir la pirámide para enfocar recursos en la población que pueda generar mayor impacto, tanto por el número de beneficiados, como por la transformación cultural a suceder en las próximas generaciones.

La transformación social de Venezuela pasa por una sociedad civil mucho más involucrada en el asunto público, que permita, de la mano con las políticas públicas unas instituciones sólidas y funcionales. El fortalecimiento institucional sólo será posible en el momento que se establezcan y se ejerzan efectivamente mecanismos de control y resguardo. La contraloría social y la deliberación de los asuntos públicos son funciones vitales para la existencia de un país diferente.

El proceso hacia la Venezuela que anhelo es un proceso integral: la sociedad civil compuesta de ciudadanos empoderados trabajan de la mano de un gobierno que cumple su función, donde ambos –sociedad y gobierno- comparten un ideal, un espíritu de cambio y todos trabajan para el alcance efectivo de ese proyecto país. Además, este proceso se compone de 3 partes constitucionales e indispensables: un sueño compartido que moviliza a todos los sectores a luchar juntos por un cambio; unas acciones enfocadas en el corto plazo, que permitan aprovechar ese momento favorable en el que todos están dispuestos a colaborar, basadas en cambios coyunturales y estructurales; y unas acciones enfocadas en el largo plazo, enfocadas en hacer perdurable los logros alcanzados.

En fin, en mi Venezuela la realidad se colma de sueños concebidos, donde todos tenemos las mismas posibilidades de llevar la vida que deseamos, reconocemos nuestros deberes, y se respetan nuestros derechos. La economía está liderada por la iniciativa individual, la política está liderada por el servicio y lo social se define por las relaciones de solidaridad y apoyo mutuo. El asunto público en estas condiciones se convierte en aceite para la creación de riqueza,  en garante para el ciudadano y en espacio para el progreso y el bienestar.